La aparición de innumerables escuelas de escalada
deportiva (palestras naturales equipadas exclusivamente con clavos de
expansión) en los últimos años ha llevado a que
se considere como inevitable e indispensable el rol protagónico
del “clavo de expansión”. Si bien gran parte de las
escuelas que se han equipado no permiten ningún otro tipo de
seguros, parece que por costumbre se ha transferido su uso a zonas y
rutas donde previamente estos no eran considerados necesarios.
Un ejemplo puntual es la vía González-Iglesias en la Punta
Luhrs del Cerro López. Esta vía fue escalada en los años
60 utilizando seguros naturales (clavos mayormente) y, a pesar de que,
gracias a los avances del equipo, puede ser escalada de manera segura
usando casi exclusivamente seguros móviles, hace poco fue equipada
enteramente con parabolts y químicos. Muchos de estos seguros
fijos están colocados al lado de fisuras que aceptan seguros
móviles perfectamente. Poco después hubo una propuesta
de llevar adelante un equipamiento similar en la vía Normal de
la Torre Principal del Catedral, que por suerte fue frenada a tiempo.
Si bien estos casos son particularmente extremos, esta tendencia de
considerar como inaceptable los niveles de seguridad de vías
antiguas se ha extendido más de lo esperado.
Durante el re-equipamiento que realicé en Frey no agregué
parabolts en ninguna de las vías, y en varios casos saqué
parabolts o espits que habían sido agregados a vías ya
existentes. Respetar el carácter de las vías existentes
es una norma aceptada en todo el mundo y es la mejor manera de garantizar
que varios estilos de escalada puedan coexistir en una misma zona, preservando
la riqueza que cada uno de ellos aporta. No porque hoy este de moda
la escalada segura, con riesgos limitados, hace falta uniformizar las
vías que proponen un tipo de experiencia diferente. La única
manera de preservar el espacio de libertad que nos ofrece la escalada
es respetando esta diversidad.
Para parte de los escaladores, el atractivo de la escalada reside en
afrontar, cuanto más posible, en sus propio términos los
problemas y las adivinanzas que nos presenta la naturaleza. Este tipo
de filosofía implica sobre todo minimizar el uso de seguros fijos,
en particular clavos de expansión, con la idea de que el encanto
de la escalada reside en la riqueza del proceso, la profundidad de las
sensaciones que nos brinda, y no en alcanzar un punto geográfico
determinado. Siendo que el terreno de aventura es un recurso limitado,
ya que algún día acabaremos por escalar toda la piedra
disponible, el valor de esta filosofía reside en maximizar el
rédito que nos brinda cada metro transitado.
Los ingleses en particular, han adoptando este tipo de ética,
que les permite transformar veinte metros de una roca cualquiera en
una gran aventura que puede requerir varios años de esfuerzo
y regalar una experiencia más que memorable. Usando una serie
de estilos que van del “a vista común” a practicar
las vías con cuerda de arriba por varios días antes de
puntearlas (head-point), logran minimizar el uso de los seguros fijos
y preservar de esa manera cuanto más posible el carácter
original de la roca. Este tipo de ética requiere mucha paciencia,
pero siendo que lo que alimenta el alma no es el punto geográfico
alcanzado sino la calidad del camino recorrido, que apuro puede haber?
Si bien personalmente no creo que sea adecuado pretender que todos tengamos
la misma visión y practiquemos la actividad de la misma manera,
si me parece importante que como comunidad como mínimo respetemos
el legado histórico, a veces incomprensible, que nos ha sido
encomendado.
Rolando Garibotti